Es sábado y me da igual. La gente allá afuera está haciendo cosas, saliendo, viviendo. Yo no. Hoy no. Hoy solo existo, sin más. Sin ganas, sin planes, sin intención de nada.
La primera raya, la primera pastilla, el primer trago… qué más da. Es lo mismo de siempre. No es para divertirme ni para pasarla bien. Es para hacer que el tiempo pase sin sentirlo, para callar la cabeza, para que el puto vacío deje de machacarme por un rato. Porque siempre está ahí, absorbiendome silenciosamente como un recordatorio que nada es suficiente y que nada importa ya.

No es una fiesta ni una historia de las que presumir a mis hijos. Es estar en pijama todo el día, viendo series sin verlas, perdiendo la noción del tiempo. Es desenchufarme, enchufandome.
Mañana vendrá el bajón, el arrepentimiento, la sensación de haber perdido otro día. Pero eso es un problema del futuro yo, de un mañana que no existe. Hoy es sábado y lo único que importa es no sentir nada hasta el domingo

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