No es la fatiga rutinaria, ni cansancio de ese que te da de tanto hacer cosas, es una presión constante que me entraña en lo profundo, me sorprende nuevamente, una y otra vez, es un palpitar cantante en mi cerebro, voces maléficas que me hacen daño con su agudo sonido, alas que me elevan y se cortan en lo más alto…
Entonces llego al infierno, confundida sin saber si es real ó solamente un sueño… mi subconsciente, ay mi travieso subconsciente! ¿Dónde he dejado a la Razón? Creo yo que se halla perdida entre todo el desorden de mi cuarto, entre las cajas de pizza y el siniestro retrato colgado, de mi bisabuela muerta. Ahora navego en mares de inconsciencia y mundos oníricos, dormir con los ojos abiertos; vivir mientras duermo. Todo es tan abstracto como el agua que bebo, la comida que ingiero y los amores que profeso, nada existe…
o soy yo un espectro que nadie puede ver? Vivo en una prisión con garrotes invisibles, los cuales me hacen pensar que estoy libre… pero sigo cautiva, porque en una trampa para ratas he nacido: He vivido con las piernas rotas y apresadas, de esta manera, algunas veces esperando al generoso verdugo que me obligue inclemente a beber un poco de veneno, y otras, luchando ingenuamente para liberarme, sabiendo que es inútil, que no tengo futuro y el pasado esta todo muy confuso, siluetas negruzcas que se mueven ligeramente entre recuerdos que posiblemente nunca fueron una realidad. El amor que ha sido siempre prematuro y superficial, me reclama el insolente y me abofetea sin piedad. Entonces comprendo que en mi oscuridad no cabe nadie más, que esta monocromatica habitación sólo puede ser habitada por quién, aunque quiera, jamás podría salir de ella

Replica a ★.•.•°Kαreŋ°•.•.☆ Cancelar la respuesta