Entrada de diario – sin fecha, como cuando el tiempo se confunde

por

in

Hoy no sé si desperté o simplemente cambié de estado.

Hay días que empiezo como en automático, con el corazón desacompasado, los ojos turbios, la mente pidiendo tregua. Me levanto gracias a cosas que no sé si me ayudan o me apagan. Cosas para dormir. Cosas para despertar. No lo digo mucho en voz alta porque suena a derrota, y yo estoy cansada de que la gente me mire como si estuviera perdiendo. Pero a veces solo estoy sobreviviendo. Que es distinto.

No me reconozco del todo últimamente. Como si una versión de mí estuviera haciendo el turno de día y otra se hiciera cargo por las noches. Y yo en el medio, una especie de testigo. Tengo un hijo que necesita mi energía, un trabajo que exige que no me derrumbe, una historia que pesa más que el cuerpo cuando quiere quedarse en la cama.

No siempre fue así. Pero entre los parches que fui usando para no sentir, o para sentir menos, o para sentir algo, me fui alejando de mí. Y es extraño, porque no siento que haya perdido la fuerza. La tengo. Está ahí. Solo que a veces me olvido dónde la guardé.

Siento que hay una parte de mí que todavía está intacta. La parte que hace listas, que dobla la ropa, que va por él al colegio a las cinco y media sin faltar. La parte que quiere, que intenta. Y esa parte necesita que le recuerden que vale más que cualquier sustancia que promete alivio instantáneo. Que no tengo que anestesiarme para existir. Que no soy débil, solo estoy cansada.

Hoy escribo esto porque prefiero esta forma de desahogo. Porque me cansé de huir hacia adentro. Y porque quiero volver a ser la dueña de mí. No una propiedad compartida entre la dopamina y la desesperación.

Quizá mañana sea otro día de lucha. Pero también puede ser otro día de pequeños logros. Como lavarme el pelo. O no mentirme. O no buscar lo de siempre para tapar el vacío de siempre.

Hoy escribo. Mañana, ya veremos.



Deja un comentario