A veces el mundo duele tanto—que prefiero un corte en la piela la espina que me taladra por dentro. No soy masoquista, y no amo el ardor de la sangre en mi brazo.
Pero al menos ese dolordura un instante,me recuerda que sigo viva y me hace olvidarla marea oscura de mi mente.El dolor físico es un cuchillo honesto—te muerde, luego se calma—en cambio, el otro es un fantasma que me acecha desde que abro los ojos hasta que los cierro.
No soy fan del dolor ni busco castigarme—solo quiero una tregua para mi cabezaque ruge sin parar.
En mi soledad encuentro un respiro efímero:la herida en la pieles un llanto visible—más fácil de comprenderque el caos que llevo dentro.Y aun así—no me gustacuando arde ni cuando sangra—pero duele menos que el laberinto oscuro que insiste en perseguirme.No busco compasión—ni un sello que me defina—solo explico este refugio torpeante el peso de mis días,cuando estar a solases la forma más sincera de sobrevivir.—

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