La primera vez que lo intenté tenía 7. La muerte digo. El sexo ya lo intentaban otros por mi. La dignidad es una cosa importante cuando tienes padres que te pongan un plato de comida en la mesa todos los días. Para los niños pobres es una palabra sin más, los adultos son otra cosa porque algunos prefieren morir antes que vender su dignidad pero los niños no saben de eso, los niños solo quieren que pare el dolor y yo sentía mucho. El físico aparecía en forma de hambre y palizas ocasionales cuando mi madre tenía un brote maníaco depresivo.
De mi niñez lo que más recuerdo es tener hambre y ese dolor agudo en la boca del estómago.
Hablé a los 10 meses y empecé a multiplicar y dividir a los 4. Decían que tenía altas capacidades. Sin embargo eso no me salvó de otro violador. Nunca fui tan lista para evitar el dolor.
No todo ha sido triste. Ser una persona tan vulnerable, la huérfana de todos; la hija de nadie. Me ha ayudado a tener una alta simpatía por otros seres humanos.
La segunda vez que lo intenté tenía 9 pero todos creyeron que me caí por el balcón jugando.
Conocí la autolesión a los 13 y fue genial pero daba miedo no saber cuando parar. Entonces me empezaron a llamar loca y yo me comportaba de una manera más errática para que hablarán con razón.
Los otros niños me decían «violada» como apodo; «loca» «traumada» . No me ofendia pero me sentí tan triste que guardé silencio 12 años y aún ahora que tengo voz no soy capaz de hablar. Es una verdad que nadie quiere conocer de cerca.
Lloro porque he engordado 4 kilos y posteriormente vómito.
Lloro por el recuerdo de mi inocente boca de 8 años siendo forzada por una polla. Y lo peor es que lloro porque son mis primeros recuerdos de una relación sexual los más sucios y por más que vayas a terapia no los puedes limpiar.
Qué verdad prefieres escuchar?
52 ingresos hospitalarios por autolesiones hasta que cumpli 26 y decidí que si no podía reunir el valor para suicidarme al menos no viviría con dolor. Ya era una adicta a arrancarme las venas y asfixiarme con bolsas hasta desmayarme, a tirarme a coches en marcha pero no era tan valiente…No para morir:
Antidepresivos para no llorar,
Benzodiacepinas para olvidar
Estabilizadores del ánimo para no amar
Cocaína, para subir
Zolpidem para bajar
Keta y lsd para vivir realidades de otros,
Otra vez benzos para la ansiedad.
Respiro y doy una calada al «caballo»,
Dos o tal vez tres.
No recuerdo mucho esos años…
Pero morí para volver a nacer
Cai en la trampa de la rehabilitación,
Meses de terapia para aprender a que hay que obligarse a vivir.
No volví a drogarme los años siguientes
Tomaba mi medicación, hacia ejercicio
Pero pensaba cada día que la vida no podía ser solo dolor y aguantar.
Volví a cortarme un poco, a pincharme con alfileres, pero volví a caer en la autolesión y esta vez fue más grave muchísimo más porque ni siquiera parecía triste los días previos. Era mi ritual, compraba bisturís quirúrgicos y material para evitar morir de hemorragia… Ahora me obligaba a vivir por razones distintas y sonreír. Incluso a aconsejar a mis amigas en cosas de novios mientras planeaba mutilarme gravemente esa noche, pero sonreía y me compadecía honestamente por las desgracias de mis vecinos. Porque todos sufrimos aunque cuando el dolor sea tan grande que ya no puedas con ello lo sabrás tú y nadie más
Yo siempre pedía ayuda años atrás, tomaba mis tratamientos con bastante fe y de vez en cuando escogía alguna persona para desahogarme pero me resigné a que nunca iba a estar mejor a largo plazo.
Así que disfruto de los pequeños respiros que me da esta enfermedad para creer en el amor, para ser madre, para viajar, para salir de fiesta, para operarme las tetas, para drogarme o no. Para ser responsable o gilipollas. Al final es mi vida y creo que se acaba y nadie merece simplemente vivir tratando de llenar las expectativas de un mundo que le dejo de lado cuando necesitaba compañía. Me gusta mi trabajo, amo a mi hijo y la vida que tengo aunque no sea perfecta pero aún así el dolor que llevo dentro sólo lo siento yo, es una lucha de Sophy contra Sophy donde siempre salgo herida y esas heridas no se curan pero un muerto en vida «crónico» ya es perro viejo en esto y sabe controlarlo. El dolor sigue allí pero intento que los que están a mi alrededor estén bien conmigo porque nadie tiene la culpa ni debe cargar con el.prso de ver a otro sufrir y no poder hacer nada para ayudarle.
Prefiero subir y bajar, esnifar aqui y beber allá que vivir en modo automático sin sentir nada, sin saber que es un puto orgasmo, la alegría de ver unos niños jugar o conmoverte por las desgracias de tus vecinos. Incluso siendo incapaz de sufrir el luto de un familiar. La vida si emociones es a lo que llaman ellos remisión en mis trastornos. La depresión y la ansiedad son enemigos gigantes pero prefiero luchar contra ellos que contra la apatía.
Muchos de los tratamientos con los que empezaron a tratarme de niña, hoy en día son drogas duras y super ilegales en todos países.

Deja un comentario