El magma que fluía adentro,
Las lagrimas, ya de antemano profetizadas,
lo solidificaron,
Convirtiéndolo en una coraza de metales,
Impenetrable, sin fugas de gases.
Ahora sólo quedan,
Besos dulces aunque con sabor a cigarro,
Evocando sensaciones perdidas,
Prisioneras de la monotonía,
Del dolor,
Excitando terminaciones nerviosas,
que yacian en su lecho,
muertas.
Hasta,
Las sonrisas son cada vez menos falsas.
A lo mejor, es la esperanza,
la cual renanciendo está,
De sucias colillas y negros vasos llenos de licor.

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